martes, 25 de mayo de 2010

La noticia es que no hay noticia

En estas semanas que no he escrito en el blog, sucedieron noticias de primera plana: se promulgó una ley racista en Arizona; una horda de paramilitares atacó a una caravana pacífica en la región triki de San Juan Copala, en la Oaxaca de Ulises Ruiz, y asesinó a mansalva a dos emisarios: un ciudadano finlandés y la activista de derechos humanos Beatriz Cariño; el derrame de petróleo proveniente de la zona de Nueva Orleans se ha vuelto incontenible y amenaza con extenderse durante los próximos meses hacia el golfo de México; y a últimas fechas, el exsenador y excandidato a la presidencia de México por el PAN, Diego Fernández de Ceballos, ha sido secuestrado en las cercanías de su rancho en Querétaro.
Todo esto ya lo saben los lectores quienes de seguro fueron sometidos a la desinformación, a la distracción con noticias menores y/o sensacionalistas a fin de que no se dejen atraer mucho por lo mismo; o sea, lo esencial.
La ley de Arizona, ha tenido una débil respuesta a través de los canales oficiales. Puras definiciones formales, acaso timoratas, para marcar un acto francamente racista con el adjetivo más tenue de discriminatorio. Como si fuera la primera vez y no un paso más alto en la escalada, el tema se aborda sin incisiones profundas, la herida es vieja, ya huele a infección, y los cirujanos de este lado saben que el titular de los Estados Unidos no hará nada por ahora, a fin de no arriesgar su reelección.
Es más, lo que hizo fue reforzar la presencia armada en la frontera con México para guardar su seguridad --la de los estadounidenses, digo. Eso debe haberle gustado a los votantes, luego de la visita a su país del homólogo mexicano.
Porque lo más preocupante de la ley no es su aprobación en Arizona. Las leyes van y vienen, se aprueban, se cumplen, se derogan, se evaden o en la práctica se cercan. Lo realmente inquietante, es que el resultado de las encuestas revela que la mayoría de los norteamericanos la aplaude y considera necesaria a fin de protegerse de la invasión hispana.
Inquietante porque atañe a la mentalidad y en tal sentido, revela cómo se acentúa cada vez más el perfil racista en el pensamiento que mueve muchas decisiones de gobierno en el vecino país. Cuántas veces me he hecho preguntas y realizado comparaciones a partir de textos leidos sobre el factor bélico, finalmente represor, que esgrimen diversos países para solucionar cualquier conflicto. No importa si son grandes o pequeños, ni siquiera el hecho de que tengan mayor o menor peso en el mapa mundial o la geografía en que se ubican. La guerra se apropió de su mentalidad y en una de esas pasó a formar parte de su identidad como nación. Son como los fanfarrones del barrio, todo lo resuelven a trancazos. No pueden vivir sin trifulca.
En el caso de los Estados Unidos traigo a colación un texto de Noam Chomski, el lingüista norteamericano de origen judío y analista de medios muy prestigiado, quien en una conferencia que dio en los setenta, ya viejita pero nada obsoleta, explicaba su parecer acerca de cómo Estados Unidos se volvió así, tal cual es ahora. Leamos:

Empecemos con la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno. Ocurrió bajo el mandato de Woodrow Wilson. Este fue elegido presidente en 1916 como líder de la plataforma electoral Paz sin victoria, cuando se cruzaba el ecuador de la Primera Guerra Mundial. La población era muy pacifista y no veía ninguna razón para involucrarse en una guerra europea; sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte en el conflicto. Había por tanto que hacer algo para inducir en la sociedad la idea de la obligación de participar en la guerra. Y se creó una comisión de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión Creel, que, en seis meses, logró convertir una población pacífica en otra histérica y belicista que quería ir a la guerra y destruir todo lo que oliera a alemán, despedazar a todos los alemanes, y salvar así al mundo. Se alcanzó un éxito extraordinario que conduciría a otro mayor todavía: precisamente en aquella época y después de la guerra se utilizaron las mismas técnicas para avivar lo que se conocía como Miedo rojo. Ello permitió la destrucción de sindicatos y la eliminación de problemas tan peligrosos como la libertad de prensa o de pensamiento político. El poder financiero y empresarial y los medios de comunicación fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez, obtuvieron todo tipo de provechos.

Desde luego que es la opinión de Chomsky y no hay forma de no respetarla. Cito el texto porque contiene afirmaciones muy interesantes, aunque creo que el germen de la belicosidad del vecino había nacido antes, por ahí de 1823 cuando James Monroe, el quinto presidente de los Estados Unidos, decidió que América del Sur era propiedad de los americanos del norte y la emprendió contra quien quisiera disputarle ese derecho, España a la cabeza. Nadie le respondió dentro de las excolonias, ellos ya tenían sus propios problemas de norte a sur, pero tampoco se hacian encuestas en aquella época. Y el primer resultado lo sufrió el México independiente cuando en 1848 le cercenaron la mitad de su territorio, nada menos que dos millones 400 mil kilómetros cuadrados.
Pero admito que el norteamericano común estaba más al margen de las acciones de gobierno, porque tampoco había tanto medio de comunicación, ni tan rápido. La bronca mayor ocurrió a lo largo del siglo XX, cuando el poder financiero y empresarial dominó la mente de la nación estadounidense y de --no me es grato decirlo-- la mayoría de sus ciudadanos. Esa que hoy está opinando en las encuestas.
Ante ello tal vez sería bueno plantearse qué haremos como coalición de países frente a la amenaza racista, que para nosotros corre de norte a sur, pero para el mundo llega desde los rincones de Europa donde ya han muerto los clásicos hitlerianos, pero pervive su ideal de supremacía. Pervive y se reproduce en la circulación terrestre, a través de su red venosa, enmascarados o fácilmente reconocibles por el estilo conque gobiernan, arman a huestes paramilitares para matar a mansalva, dejan crecer los males sociales, su indolencia destruye el planeta, mientras el clan al que pertenecen se enriquece y la brecha entre los discursos y los actos se hace cada día más insondable. Es la herencia del fascismo, aún viva entre nosotros.

Entretanto, dos semanas después de la desaparición de el Jefe Diego, la noticia continúa siendo que no hay noticia. ¿Creíamos perdida nuestra capacidad de sorprendernos? Pues no. Televisa dio la señal de silencio a través del espacio estelar de Joaquín López Dóriga, su titular, y Televisión Azteca, se sumó al bloqueo de la información al respecto, dizque “en respeto a la vida de Don Diego y a sus familiares”.
¿Hay alguien que lo crea?
Por mi parte regreso a Chomsky y me disculpo por repetir la cita, lo hago para evitarles volver atrás:
“El poder financiero y empresarial y los medios de comunicación fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez, obtuvieron todo tipo de provechos.”

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